martes, 24 de enero de 2017

Admirar la flor cuando ya ha muerto




Plantados en las carreteras limitadas de la vida moderna están los pies de nuestra respiración, de nuestro vivir, de nuestro sentir. Pensamos que estamos caminando por esas carreteras a algún lugar mejor, a algún vivir. Pensamos caminar porque pensamos que ese es el vivir. Pensamos que ese vivir se trata de teclear, de reproducir imágenes, de usar zapatos, de conseguir dinero, fama, estimación, aceptación, envidias, palabras vacías, palabras falsas, palabras profundas que se reproducen sin ser comprendidas; pensamos que vivir es obtener lo último que produce el circulo maquiavélico del mercado; el celular más actualizado, la popularidad vacía, los vídeos de entretenimiento que peligrosamente se convierten en la base de cultura juvenil. Maquillaje físico y espiritual. Romances pasajeros y degradantes de la integridad humana, de la sinceridad, del pensamiento del verdadero amor, del romanticismo. Estamos plantados en las carreteras, cuyos carros que avanzan son las vidas de los poderosos, de aquellos seres cuyos corazones están hechos de oro aparentemente, de oro negro y verde. Sus ojos ven nuestros pies plantados y se burlan. Se burlan porque saben que estamos plantados y saben que nosotros no lo sabemos, saben que vivimos enamorados de lo material, que no sabemos mirar el cielo y admirar la sencillez. Saben que la Internet es nuestro dios, que nuestra personalidad es copia de modelos que creemos son a seguir, esos modelos creados por ellos mismos para cegarnos de la verdadera belleza, del verdadero sentir, del verdadero amor.
Nos creemos dueños del mundo con tener conocimientos de la sociedad y su funcionamiento. Pero y ¿cuántos tenemos conocimientos del sentir humano? ¿Cuántos somos conscientes de que nuestra vida está plantada, está cegada, está limitada?
No disfrutamos con libertad. Pocos aman sin estereotipos. ¿Cuántos se ven al espejo y no se ven influenciados por lo que ven en el exterior, en las pantallas, en la vida maquillada?
Si no somos capaces de ver el cielo e imaginar los mundos que hay más allá de ellos, ¿cómo seremos capaces de admirar y amar nuestras propias esencias? ¿Dónde estás humano? ¿Hasta dónde llegará tu ignorancia?
Y luego llega la muerte; la muerte de tu vida, de tu riqueza, de los amores y los dolores. La muerte de la oportunidad que desperdiciaste.

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