viernes, 27 de enero de 2017

Intentar entender




Dinero, decepciones, oportunidades, desperdicio del tiempo. ¿Qué es realmente la realidad? ¿Cuál es el verdadero objetivo del humano?
¿Será la realidad el vivir junto al estrés, problemas económicos, problemas familares, disgustos, insatisfacción? ¿Será vivir meditando, dándose a sí mismo una falsa imagen de plenitud espiritual? ¿Qué es realmente vivir?
Vivir no debería ser permanecer dentro de las pantallas todo el día, todo el tiempo.
No debería ser buscar incansablemente un puesto, un lugar, la aceptación de la sociedad.
No debería ser meditar y purificar el espíritu para luego retornar al mundo egocéntrico de la sombra humana.
No debería ser el pensar en maneras de encontrar dinero.
No debería ser el pensar en maneras de gastarlo inconcientemente.
No debería ser el dedicar toda la existencia a un solo ser amado.
No debería ser el ocupar el pensamiento en chismes, celos, envidias, juicios sin valor.
No debería ser envenarse el pensamiento.
No debería ser el desperdicio del tiempo en trabajos nunca amados.
No debería ser una razón de tristeza.
No debería ser esto, pero lo es en todo humano.

martes, 24 de enero de 2017

Admirar la flor cuando ya ha muerto




Plantados en las carreteras limitadas de la vida moderna están los pies de nuestra respiración, de nuestro vivir, de nuestro sentir. Pensamos que estamos caminando por esas carreteras a algún lugar mejor, a algún vivir. Pensamos caminar porque pensamos que ese es el vivir. Pensamos que ese vivir se trata de teclear, de reproducir imágenes, de usar zapatos, de conseguir dinero, fama, estimación, aceptación, envidias, palabras vacías, palabras falsas, palabras profundas que se reproducen sin ser comprendidas; pensamos que vivir es obtener lo último que produce el circulo maquiavélico del mercado; el celular más actualizado, la popularidad vacía, los vídeos de entretenimiento que peligrosamente se convierten en la base de cultura juvenil. Maquillaje físico y espiritual. Romances pasajeros y degradantes de la integridad humana, de la sinceridad, del pensamiento del verdadero amor, del romanticismo. Estamos plantados en las carreteras, cuyos carros que avanzan son las vidas de los poderosos, de aquellos seres cuyos corazones están hechos de oro aparentemente, de oro negro y verde. Sus ojos ven nuestros pies plantados y se burlan. Se burlan porque saben que estamos plantados y saben que nosotros no lo sabemos, saben que vivimos enamorados de lo material, que no sabemos mirar el cielo y admirar la sencillez. Saben que la Internet es nuestro dios, que nuestra personalidad es copia de modelos que creemos son a seguir, esos modelos creados por ellos mismos para cegarnos de la verdadera belleza, del verdadero sentir, del verdadero amor.
Nos creemos dueños del mundo con tener conocimientos de la sociedad y su funcionamiento. Pero y ¿cuántos tenemos conocimientos del sentir humano? ¿Cuántos somos conscientes de que nuestra vida está plantada, está cegada, está limitada?
No disfrutamos con libertad. Pocos aman sin estereotipos. ¿Cuántos se ven al espejo y no se ven influenciados por lo que ven en el exterior, en las pantallas, en la vida maquillada?
Si no somos capaces de ver el cielo e imaginar los mundos que hay más allá de ellos, ¿cómo seremos capaces de admirar y amar nuestras propias esencias? ¿Dónde estás humano? ¿Hasta dónde llegará tu ignorancia?
Y luego llega la muerte; la muerte de tu vida, de tu riqueza, de los amores y los dolores. La muerte de la oportunidad que desperdiciaste.

sábado, 7 de enero de 2017

Sobre lo que los ojos no ven



Cuánta belleza hay en la sonrisa de esa niña, y ella lo sabía. No siempre la gente suele lograr apreciar su belleza más allá de las máscaras y el maquillaje. Pero ella sí pudo hacerlo. Su felicidad le permitía bailar libremente como lo hacía cuando estaba junto a su comunidad y a su hogar, bailaba y cantaba a pesar de estar en un espacio cuya cultura era diferente a la suya, pues ella era parte del conjunto de creencias aborígenes, y ahora estaba rodeada de creencias importadas.
Estudiaba en un colegio cuyas enseñanzas eran explícitamente industriales y muy poco se trataban temas sociales. Su comunidad en cambio, le enseñaba de la naturaleza y de la cultura, pero por cuestiones socioeconómicas su comunidad tuvo que desplazarse y los niños entraron a colegios urbanos mientras se solucionaba la situación.
Ella solía decir a los niños y a sus profesores:
“Suelo caminar siguiendo los olores de la naturaleza, el fluir del río, el sonido de las hojas. Bailo con mis vecinos, ellos tocan tambores y muevo los pies al ritmo de sus voces”. Y cuando decía esto les mostraba a sus compañeros sus danzas mientras sonreía dulcemente.
Ella tenía su espíritu creativo intacto, vivo y cálido; a cada sonido que lograba percibir, le asignaba una forma, a veces toda una historia completa, con seres que ella inventaba, con voces que ella recordaba, con texturas que le despertaban la curiosidad y la viveza de su rostro.
En el colegio a veces los niños la empujaban y se le burlaban por los trajes y accesorios que ella usaba, pero su rostro no se preocupaba, pues amaba profundamente su cosmovisión en cuyos elementos estaba el amor a todo ser vivo y el respeto a cada diferencia, pues en el fondo, ella no percibía distinciones sino un solo fluir de energía. Le decían que el color de piel incidía en el nivel del buen trato, pero ella los percibía a todos igual, ella nunca notó diferencias, aunque sus compañeros sí, y siempre se lo recordaban.
Del salón de clases había un muchacho, tímido, callado, pero con risa cálida que había atrapado la atención y el pensamiento de la niña. Ella sentía esos nervios inconclusos y esa sonrisa traviesa que se suele plasmar en nuestros rostros al pensar en esa persona especial. Su rostro se alzaba al oír la voz del niño dar sus intervenciones de la clase y sus compañeros podían ver su rostro sonriente. Pero ella demostraba sus sentimientos sin límites, sin cárceles ideológicas, así como su arte, sus danzas, su canto, sus historias. Por eso era feliz, porque mostraba quién era y no se preocupaba por la reacción de su alrededor ni en sus juicios sin fundamentos, pues su respiración existía para su alegría y su amor.
El niño la quería también, pero sus compañeros le impregnaban en sus ideas que la niña no era bella, por su físico, por su vestir, por sus costumbres, por su hablar y por su reír. Ella sintió el rechazo del niño y el de sus compañeros sin entender verdaderamente el porqué,
pues ella se sentía niña, se sentía vida, se sentía parte de ellos, parte de la sociedad misma, hasta que finalmente su comunidad regresó a sus tierras, y la niña retornó al calor del hogar de su familia y amigos.
El niño notó su ausencia y extrañó su sonrisa, la niña olvidó las burlas y recordó con dulzura la voz del niño. Al fin y al cabo, esa bella niña sabía que era bella, sabía que sus compañeros lo eran también. Con dulzura recordó sus voces, los olores de las flores, de los cabellos de sus compañeras, y los amó a pesar de todo, pues ella sabía que era bella.
Y ahora pensándolo bien, ¿será que ella vio la belleza de todos y de sí misma porque era ciega?

sábado, 27 de agosto de 2016

De cuando el amor nace




Nadie habló de ninguna semilla. Nadie plantó ninguna. Nadie preparó la tierra y nadie la imaginó.
El viento mismo de mi cielo la acogió y la trajo hasta mi jardín, sin avisar ni pedir permiso, la semilla entró a mis tierras más fértiles y allí descansó sin yo darme cuenta.
Ella creció dándole calidez al centro de mi jardín, ahí fue cuando note su existencia. No pude ignorar su presencia, no pude jamás borrar su color, pues ya estaba ese retoño surgiendo del centro de los cultivos de mi corazón.
La dejé crecer porque da abrigo a mis aires y a mis ideas, la dejé crecer porque da amor a mi existencia y a mi vida. La dejé crecer y hoy su raíz quedó arraigada a lo más profundo de las tierras de mi reino amurallado. La dejé crecer y hoy su respiración no deja de florecer dándole color y viveza a mis senderos.
Esa hermosa semilla que creció en mi jardín sin yo haberla sembrado, sin nadie haberme avisado, sino que fue la misma existencia, el mismo viento, quien me trajo esa esencia que hoy florece en mi corazón. Esa flor llamada amor.

sábado, 20 de agosto de 2016

Del dolor y la Vida



Por amor, por alguna pérdida, por miedos, por el futuro, por la incertidumbre, por no saber qué camino tomar, por heridas, por inseguridades, por defectos, por palabras nunca dichas, por secretos, por circunstancias. ¿Cuántas veces hemos de sentir dolor?
Dolor del que surgen las lagrimas que humedecen el interior del pecho y aplastan el valor y la belleza del rostro. Dolor que mengua la viveza de la sonrisa y el color de la voz. Dolor sin cielo y en silencio.

Erase alguna vez una mujer, de viva sonrisa y de ojos alegres. Pero ha de encontrar que la vida no tiene caminos sin piedras, sin abismos, sin obstáculos; la vida no es un camino recto que siempre va ascendiendo; no es un camino de una sola dirección; no es camino adornado de un cielo siempre azul, siempre claro, siempre bello. Y ella cae, no una vez, sino muchas. Se ha raspado, se ha golpeado, se ha perdido, ahora su corazón se ha acongojado porque su camino se ha visto oculto por la niebla, por las ramas de los árboles ya sin vida, por la oscuridad del cielo, y encerrada en el miedo y en el silencio, sus pasos se detienen quedándose atascados en ese espacio oscuro de su sendero. Sin moverse, sin observar, ha cerrado los ojos y se ha sentado en una piedra a pensar, porque su camino se ha perdido y esperando algún amanecer siempre lejano, se ha quedado en silencio con lagrimas nadando en las olas de sus mejillas. ¿Por qué se pierde su camino? ¿Por qué siente tanto miedo?
No solo ha perdido las luces de su camino, sino que también se ha sumergido en el silencio. Su miedo e inseguridad la han sumido en un cuarto imaginario de altos muros grises que le han negado expresar sus palabras, su amor creciente, el amor que florece y que no pudo evitar; el amor a su mirar, a su reír, a su soñar, a su hablar y a su cantar. Pero por su miedo y por el amor a la compañía de aquel caballero, sus palabras se han quedado ocultas en el silencio de la melodía de su palpitar.
Y ahí está ella. Quieta, miedosa, triste, con el peso de la incertidumbre y la amargura de la indecisión. Con el ritmo de su vida detenida por las consecuencias de sus pasados errores; esperando. Y he ahí, que el dolor de la indecisión es uno de los más grandes, de los más desconcertadores, porque no te permite avanzar, ni caminar, ni hablar, ni saltar aunque sea, para divisar el siguiente paso a dar. Este dolor te quita valor, quita magia, quita viveza.
¿Qué hará ella entonces? Si debe esperar primero una respuesta por sus errores, una señal de su amor y sus colores, un pensamiento de su camino y sus albores.
Sin embargo, sentada en esa piedra a la sombra de la oscuridad, se da cuenta que sus errores son experiencias, su amor es una hermosa vivencia, y su camino una sorpresa.
No amanece, el sol no se asoma para guiar su camino. Con los ojos aún cerrados ella comienza a dar pequeños pasos guiados por el sonido de su propia voz, y sigue adelante. Con la incertidumbre en su rostro su sonrisa regresa y sus ojos retornan a la alegría. Las decisiones vendrán junto al viento y el camino se hará más claro a cada paso. Sus ojos ahora abiertos recuperan su fuerza y siguen caminando.
Aquella oscuridad ha de ser un paso en cada vida. Esa oscuridad quien es lo bastante sensual para seducir los corazones y arrugarlos hasta opacarlos, jamás ha de ser un camino, sino una transición.

martes, 16 de agosto de 2016

Soledad, dama dadora de claridad




Entendemos "soledad" como un concepto que denota falta de compañía; ausencia de amistades, de familia, de amor de pareja, de lealtades y demás. Pero, ¿realmente estamos solos? ¿Acaso no estamos frecuentemente luchando e interactuando con las múltiples facetas de nosotros mismos? Nuestras ambigüedades, nuestros odios, nuestros amores, nuestros pensamientos, nuestros diferentes papeles sociales, nuestras creencias, nuestra cultura, nuestros sentimientos, hacen que nosotros nos dividamos en diversas y usualmente diferentes personas contenidas en un solo cuerpo. Así entonces, cuando no se encuentra entretejer todas estas personas en un mismo equilibrio, aparece el momento de sentirse solos consigo mismos.
Estamos tan inmersos en distintas personalidades y a la vez, en ninguna.
Las dinámicas actuales mundiales, nacionales y locales en todos sus planos nos han sumido en un mundo donde se debe de adoptar diversas formas para poder subsistir óptimamente en sus vientos fuertes y temblores devastadores. El problema radica en que estas formas creadas, inventadas y aceptadas no logran un equilibrio ni una integración que permitan al cuerpo que las contiene, entender su identidad y su lugar dentro de las dinámicas de la misma existencia.
En este escrito tomemos "soledad" como el distanciamiento de todas estas distintas personalidades, de las estructuras mundiales, de los pensamientos, de los sentires, de las compañías, para lograr el acercamiento con ese Yo primordial. Esa conciencia esencial de la que nos hemos alejado y con cuyo distanciamiento nos sentimos solos aún así estemos rodeados de familia, amigos, amores, conocidos, desconocidos.
Habrá en el aire un olor a aislamiento y separación abrumadora con el mundo, y con nosotros mismos. Sentiremos que hago falta para el correcto funcionamiento de nuestros mundos.
¿Será ese elemento faltante esa conciencia primordial que nos conecta con todo y con todos?
Esa conciencia que logra entretejer todas nuestras caras en una misma melodía y nos permite ver la pintura de la existencia más claramente.
La soledad es entonces, un respiro a nuestros dramas, nuestros problemas, odios, sentires, pesos, encrucijadas, y demás vicisitudes que caracterizan nuestro vivir, pues a través de ella, a través del momento de soledad, donde estamos alejados de todo y de todos, se puede divisar algo, que poco a poco se irá haciendo más claro.
Es la soledad, no un momento permanente en nuestras vidas, sino un respiro de cada día que da la oportunidad de ver la conexión más íntima con el Todo que permita a su vez, un equilibrio entre todas nuestras caras y formas. Crear un tejido cuyos hilos hayan sido ordenados armoniosamente junto con los hilos del universo mismo, pues son una misma obra de arte.
Solo con un respiro. Un vacío. Un silencio. La soledad no es más que un encuentro con nuestra existencia más íntima. La soledad no es más que un medio por el cual nos sentiremos más conectados con el mundo y con todos.
Como decía un viejo cuento budista: "Vacía tu taza para poder aprender"

lunes, 8 de agosto de 2016

De la educación y nuestra autodestrucción




Somos una sociedad multicultural, y una de las características de una sociedad como tal, es el reconocimiento de la existencia de otras culturas, la empatía, la identidad y por lo tanto, un sentido de pertenencia. Estos elementos son escasos o nulos dentro de los proyectos del sistema educativo, así como también la formación ciudadana, la memoria histórica, la implementación de políticas ambientales, la visión crítica y reflexiva de los procesos y movimientos sociales. En lugar de estos elementos, encontramos que los sistemas educativos se han dedicado a configurar al sujeto social de acuerdo a sus intereses y lógicas económicas para insertarlo en el sistema productivo, separándole de las artes y la creatividad, lo que ha generado sujetos alienados, cuya cultura artística se abandona para adoptar una cultura del conformismo, que no les permite indagarse sobre los modelos y estructuras sociales actuales y con ello, intentar modificarlos.
Encontramos sistemas educativos cuyos ejes son industriales y no sociales. Donde se intenta formar para la solidaridad dentro de un sistema fuertemente competitivo que funciona de acuerdo a las dinámicas del neoliberalismo, cuyas consecuencias inmediatas son la pobreza, la inequidad, el desequilibrio social y económico, la pérdida de los mercados nacionales y locales que son reemplazados por los mercados mundiales, la degradación por explotación de nuestros recursos naturales, la homogenización de la población en un mismo estatus industrial, la pérdida de nuestra vida como humanos.

Claramente, esta estructura educativa debe transformarse, dejar su estatus industrial y que sus dinámicas comiencen a funcionar de acuerdo a los procesos sociales que hoy en día nos están afectando, para así tener todos, la capacidad de afrontarlos, entenderlos, explicarlos y en su proceso, transformarlos; dejar su estatus industrial y que su visión vaya dirigida a la defensa de nuestras tierras, nuestras culturas, nuestras lenguas, nuestro arte, nuestras costumbres, nuestras flores, nuestros ríos, nuestra propia vida.