lunes, 8 de agosto de 2016

De la educación y nuestra autodestrucción




Somos una sociedad multicultural, y una de las características de una sociedad como tal, es el reconocimiento de la existencia de otras culturas, la empatía, la identidad y por lo tanto, un sentido de pertenencia. Estos elementos son escasos o nulos dentro de los proyectos del sistema educativo, así como también la formación ciudadana, la memoria histórica, la implementación de políticas ambientales, la visión crítica y reflexiva de los procesos y movimientos sociales. En lugar de estos elementos, encontramos que los sistemas educativos se han dedicado a configurar al sujeto social de acuerdo a sus intereses y lógicas económicas para insertarlo en el sistema productivo, separándole de las artes y la creatividad, lo que ha generado sujetos alienados, cuya cultura artística se abandona para adoptar una cultura del conformismo, que no les permite indagarse sobre los modelos y estructuras sociales actuales y con ello, intentar modificarlos.
Encontramos sistemas educativos cuyos ejes son industriales y no sociales. Donde se intenta formar para la solidaridad dentro de un sistema fuertemente competitivo que funciona de acuerdo a las dinámicas del neoliberalismo, cuyas consecuencias inmediatas son la pobreza, la inequidad, el desequilibrio social y económico, la pérdida de los mercados nacionales y locales que son reemplazados por los mercados mundiales, la degradación por explotación de nuestros recursos naturales, la homogenización de la población en un mismo estatus industrial, la pérdida de nuestra vida como humanos.

Claramente, esta estructura educativa debe transformarse, dejar su estatus industrial y que sus dinámicas comiencen a funcionar de acuerdo a los procesos sociales que hoy en día nos están afectando, para así tener todos, la capacidad de afrontarlos, entenderlos, explicarlos y en su proceso, transformarlos; dejar su estatus industrial y que su visión vaya dirigida a la defensa de nuestras tierras, nuestras culturas, nuestras lenguas, nuestro arte, nuestras costumbres, nuestras flores, nuestros ríos, nuestra propia vida.

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