sábado, 27 de agosto de 2016

De cuando el amor nace




Nadie habló de ninguna semilla. Nadie plantó ninguna. Nadie preparó la tierra y nadie la imaginó.
El viento mismo de mi cielo la acogió y la trajo hasta mi jardín, sin avisar ni pedir permiso, la semilla entró a mis tierras más fértiles y allí descansó sin yo darme cuenta.
Ella creció dándole calidez al centro de mi jardín, ahí fue cuando note su existencia. No pude ignorar su presencia, no pude jamás borrar su color, pues ya estaba ese retoño surgiendo del centro de los cultivos de mi corazón.
La dejé crecer porque da abrigo a mis aires y a mis ideas, la dejé crecer porque da amor a mi existencia y a mi vida. La dejé crecer y hoy su raíz quedó arraigada a lo más profundo de las tierras de mi reino amurallado. La dejé crecer y hoy su respiración no deja de florecer dándole color y viveza a mis senderos.
Esa hermosa semilla que creció en mi jardín sin yo haberla sembrado, sin nadie haberme avisado, sino que fue la misma existencia, el mismo viento, quien me trajo esa esencia que hoy florece en mi corazón. Esa flor llamada amor.

sábado, 20 de agosto de 2016

Del dolor y la Vida



Por amor, por alguna pérdida, por miedos, por el futuro, por la incertidumbre, por no saber qué camino tomar, por heridas, por inseguridades, por defectos, por palabras nunca dichas, por secretos, por circunstancias. ¿Cuántas veces hemos de sentir dolor?
Dolor del que surgen las lagrimas que humedecen el interior del pecho y aplastan el valor y la belleza del rostro. Dolor que mengua la viveza de la sonrisa y el color de la voz. Dolor sin cielo y en silencio.

Erase alguna vez una mujer, de viva sonrisa y de ojos alegres. Pero ha de encontrar que la vida no tiene caminos sin piedras, sin abismos, sin obstáculos; la vida no es un camino recto que siempre va ascendiendo; no es un camino de una sola dirección; no es camino adornado de un cielo siempre azul, siempre claro, siempre bello. Y ella cae, no una vez, sino muchas. Se ha raspado, se ha golpeado, se ha perdido, ahora su corazón se ha acongojado porque su camino se ha visto oculto por la niebla, por las ramas de los árboles ya sin vida, por la oscuridad del cielo, y encerrada en el miedo y en el silencio, sus pasos se detienen quedándose atascados en ese espacio oscuro de su sendero. Sin moverse, sin observar, ha cerrado los ojos y se ha sentado en una piedra a pensar, porque su camino se ha perdido y esperando algún amanecer siempre lejano, se ha quedado en silencio con lagrimas nadando en las olas de sus mejillas. ¿Por qué se pierde su camino? ¿Por qué siente tanto miedo?
No solo ha perdido las luces de su camino, sino que también se ha sumergido en el silencio. Su miedo e inseguridad la han sumido en un cuarto imaginario de altos muros grises que le han negado expresar sus palabras, su amor creciente, el amor que florece y que no pudo evitar; el amor a su mirar, a su reír, a su soñar, a su hablar y a su cantar. Pero por su miedo y por el amor a la compañía de aquel caballero, sus palabras se han quedado ocultas en el silencio de la melodía de su palpitar.
Y ahí está ella. Quieta, miedosa, triste, con el peso de la incertidumbre y la amargura de la indecisión. Con el ritmo de su vida detenida por las consecuencias de sus pasados errores; esperando. Y he ahí, que el dolor de la indecisión es uno de los más grandes, de los más desconcertadores, porque no te permite avanzar, ni caminar, ni hablar, ni saltar aunque sea, para divisar el siguiente paso a dar. Este dolor te quita valor, quita magia, quita viveza.
¿Qué hará ella entonces? Si debe esperar primero una respuesta por sus errores, una señal de su amor y sus colores, un pensamiento de su camino y sus albores.
Sin embargo, sentada en esa piedra a la sombra de la oscuridad, se da cuenta que sus errores son experiencias, su amor es una hermosa vivencia, y su camino una sorpresa.
No amanece, el sol no se asoma para guiar su camino. Con los ojos aún cerrados ella comienza a dar pequeños pasos guiados por el sonido de su propia voz, y sigue adelante. Con la incertidumbre en su rostro su sonrisa regresa y sus ojos retornan a la alegría. Las decisiones vendrán junto al viento y el camino se hará más claro a cada paso. Sus ojos ahora abiertos recuperan su fuerza y siguen caminando.
Aquella oscuridad ha de ser un paso en cada vida. Esa oscuridad quien es lo bastante sensual para seducir los corazones y arrugarlos hasta opacarlos, jamás ha de ser un camino, sino una transición.

martes, 16 de agosto de 2016

Soledad, dama dadora de claridad




Entendemos "soledad" como un concepto que denota falta de compañía; ausencia de amistades, de familia, de amor de pareja, de lealtades y demás. Pero, ¿realmente estamos solos? ¿Acaso no estamos frecuentemente luchando e interactuando con las múltiples facetas de nosotros mismos? Nuestras ambigüedades, nuestros odios, nuestros amores, nuestros pensamientos, nuestros diferentes papeles sociales, nuestras creencias, nuestra cultura, nuestros sentimientos, hacen que nosotros nos dividamos en diversas y usualmente diferentes personas contenidas en un solo cuerpo. Así entonces, cuando no se encuentra entretejer todas estas personas en un mismo equilibrio, aparece el momento de sentirse solos consigo mismos.
Estamos tan inmersos en distintas personalidades y a la vez, en ninguna.
Las dinámicas actuales mundiales, nacionales y locales en todos sus planos nos han sumido en un mundo donde se debe de adoptar diversas formas para poder subsistir óptimamente en sus vientos fuertes y temblores devastadores. El problema radica en que estas formas creadas, inventadas y aceptadas no logran un equilibrio ni una integración que permitan al cuerpo que las contiene, entender su identidad y su lugar dentro de las dinámicas de la misma existencia.
En este escrito tomemos "soledad" como el distanciamiento de todas estas distintas personalidades, de las estructuras mundiales, de los pensamientos, de los sentires, de las compañías, para lograr el acercamiento con ese Yo primordial. Esa conciencia esencial de la que nos hemos alejado y con cuyo distanciamiento nos sentimos solos aún así estemos rodeados de familia, amigos, amores, conocidos, desconocidos.
Habrá en el aire un olor a aislamiento y separación abrumadora con el mundo, y con nosotros mismos. Sentiremos que hago falta para el correcto funcionamiento de nuestros mundos.
¿Será ese elemento faltante esa conciencia primordial que nos conecta con todo y con todos?
Esa conciencia que logra entretejer todas nuestras caras en una misma melodía y nos permite ver la pintura de la existencia más claramente.
La soledad es entonces, un respiro a nuestros dramas, nuestros problemas, odios, sentires, pesos, encrucijadas, y demás vicisitudes que caracterizan nuestro vivir, pues a través de ella, a través del momento de soledad, donde estamos alejados de todo y de todos, se puede divisar algo, que poco a poco se irá haciendo más claro.
Es la soledad, no un momento permanente en nuestras vidas, sino un respiro de cada día que da la oportunidad de ver la conexión más íntima con el Todo que permita a su vez, un equilibrio entre todas nuestras caras y formas. Crear un tejido cuyos hilos hayan sido ordenados armoniosamente junto con los hilos del universo mismo, pues son una misma obra de arte.
Solo con un respiro. Un vacío. Un silencio. La soledad no es más que un encuentro con nuestra existencia más íntima. La soledad no es más que un medio por el cual nos sentiremos más conectados con el mundo y con todos.
Como decía un viejo cuento budista: "Vacía tu taza para poder aprender"

lunes, 8 de agosto de 2016

De la educación y nuestra autodestrucción




Somos una sociedad multicultural, y una de las características de una sociedad como tal, es el reconocimiento de la existencia de otras culturas, la empatía, la identidad y por lo tanto, un sentido de pertenencia. Estos elementos son escasos o nulos dentro de los proyectos del sistema educativo, así como también la formación ciudadana, la memoria histórica, la implementación de políticas ambientales, la visión crítica y reflexiva de los procesos y movimientos sociales. En lugar de estos elementos, encontramos que los sistemas educativos se han dedicado a configurar al sujeto social de acuerdo a sus intereses y lógicas económicas para insertarlo en el sistema productivo, separándole de las artes y la creatividad, lo que ha generado sujetos alienados, cuya cultura artística se abandona para adoptar una cultura del conformismo, que no les permite indagarse sobre los modelos y estructuras sociales actuales y con ello, intentar modificarlos.
Encontramos sistemas educativos cuyos ejes son industriales y no sociales. Donde se intenta formar para la solidaridad dentro de un sistema fuertemente competitivo que funciona de acuerdo a las dinámicas del neoliberalismo, cuyas consecuencias inmediatas son la pobreza, la inequidad, el desequilibrio social y económico, la pérdida de los mercados nacionales y locales que son reemplazados por los mercados mundiales, la degradación por explotación de nuestros recursos naturales, la homogenización de la población en un mismo estatus industrial, la pérdida de nuestra vida como humanos.

Claramente, esta estructura educativa debe transformarse, dejar su estatus industrial y que sus dinámicas comiencen a funcionar de acuerdo a los procesos sociales que hoy en día nos están afectando, para así tener todos, la capacidad de afrontarlos, entenderlos, explicarlos y en su proceso, transformarlos; dejar su estatus industrial y que su visión vaya dirigida a la defensa de nuestras tierras, nuestras culturas, nuestras lenguas, nuestro arte, nuestras costumbres, nuestras flores, nuestros ríos, nuestra propia vida.

El ego ha hablado




Era una isla tranquila en un clima hermoso. De repente, un volcán que parecía dormido rompe el silencio del viento y su lava quema el corazón de esa isla. Arden sus brazos, su pecho, su piel. Su corazón tranquilo es arrugado por esta cruel sustancia, cuyo fuego quema hasta las entrañas de sus mismas venas. Así, su tierra se opaca y su vegetación se marchita; el fuego ha absorbido su viveza y color.
Así es como los sentimientos pueden degradar el cuerpo humano, enajenando la delicadeza de su felicidad, llenándolo de aires oscuros donde se esparce la ceniza por toda su visión, no pudiendo luego ver bien a causa de las sombras de la vicisitud de un sentimiento desgarrador.
El odio, la envidia, el rencor, las represiones, la codicia, los celos. ¿No son sino imaginarios creados a partir de los distintos contextos por los que pasa y experimenta un humano? ¿Por qué surgen estos sentimientos desgarradores, si nuestro estado natural al nacer es de plena paz?
Si bien, como sujetos sociales absorbemos distintos elementos de los que está constituida la sociedad, repitiendo y copiando sus modelos y lineamientos sociales, culturales e incluso éticos, formándonos así como sujetos integrantes de un determinado contexto histórico. Entonces, al tener estos paradigmas tan impregnados en nuestro ser, nuestro cuerpo e identidad confieren limites y divisiones sociales imaginarias. Al tener limites, nuestras mentes se encierran en dramas, que, como nuestros sentimientos aberrantes, son imaginarios. Al estar tan impregnados en nuestra concepción de realidad, resulta entonces difícil de desaparecerlos, superarlos, o aunque sea ignorarlos.
Lo necesario entonces es el acto de transformar esos sentires en empatía, comprensión, reflexión.
Esta isla marchita y opaca vuelve a regenerarse renaciendo en una nueva existencia. Su vegetación vuelve a crecer más fértil aún gracias a las cenizas del volcán. Su tierra cobra viveza y color, pues la existencia misma es cambiante; sean cambios dolorosos o alegres, cada transición confiere belleza a la isla siempre y cuando ella sepa surgir de entre las sombras del dolor.

miércoles, 3 de agosto de 2016

Del amor a la Humanidad




Que mi existencia sea más que un soplo dentro del contexto del Universo; que mis pasos sean más que huellas dejadas en un sendero; que mi pensamiento comprenda al menos, la superficie de lo eterno; que cuando mi mente llegue a la no existencia, de la realidad desaparezca el miedo. Heme aquí, divisando el mundo dinámico, cambiante y creciente, intentando ver en sus aires las respuestas a mi propio yo; viéndolo volar y construir, viéndolo caer y destruir, como si fuese inmarchitable, como si sus vivencias fuesen eternas, como si ignorase los ojos de los demás seres vivos que lo observan con tristeza, preguntándose éstos quizá la razón de sus actos, el propósito de los mismos, y de sus visiones observar sus sombras de egoísmo. Heme aquí intentando comprender sus palabras, nuestras palabras, nuestras voces confusas que se mezclan con el sonido de las máquinas, los carros y las quejas. ¿Cuándo dejamos de entendernos? ¿Cuándo comenzamos a hablar sin comprendernos? ¿Cuándo dejamos de escucharnos? Fuimos capaces de crear música que ha logrado danzar junto al viento, fuimos capaces de pintar intentando captar la belleza insuperable de una flor, fuimos capaces de imaginar y soñar, de crear e inventar. También fuimos capaces de convertir la naturaleza en una mercancía, de designarle un precio a la fuerza del hombre, de consumir las tierras desplazando sus legítimos habitantes. Heme aquí, parte de una especie cuya existencia generó alguna vez belleza, cuyo crecimiento generó sus conquistas y cuyo desarrollo quizá no sea capaz de generar algo más. Una especie cuyo futuro no logro ver entre su ruido, una especie que no logra verse a sí misma sin fronteras, una especie que desconoce sus raíces y cuyo presente apenas logro comprender entre su caos. Y aún así, la amo con mis fuerzas y mis miedos.

Sobre la Humanidad





Como si fueses un ser vivo extraordinario, has logrado construir mundos complejos; has creado música, has creado arte, has creado misterio. Como si fueses viento, has aprendido a volar. Como si tu curiosidad no encontrara fronteras, has logrado ver las estrellas y lo que hay más allá de ellas. Como si fueses ciego, has ignorado las hojas que caen incontrolablemente de los árboles. Como si fueses sordo, no has escuchado lo que los demás seres vivos te reclaman. Como si fueses el único ser existente en un eterno presente sin futuro, has vivido descuidadamente. Como si tu sangre fuese diferente a la de los demás, te has jerarquizado, te has dividido, has construido imaginarios excluyentes, has creado la visión de desagrado.