Nadie habló de ninguna semilla. Nadie plantó ninguna. Nadie preparó la tierra y nadie la imaginó.
El viento mismo de mi cielo la acogió y la trajo hasta mi jardín, sin avisar ni pedir permiso, la semilla entró a mis tierras más fértiles y allí descansó sin yo darme cuenta.
Ella creció dándole calidez al centro de mi jardín, ahí fue cuando note su existencia. No pude ignorar su presencia, no pude jamás borrar su color, pues ya estaba ese retoño surgiendo del centro de los cultivos de mi corazón.
La dejé crecer porque da abrigo a mis aires y a mis ideas, la dejé crecer porque da amor a mi existencia y a mi vida. La dejé crecer y hoy su raíz quedó arraigada a lo más profundo de las tierras de mi reino amurallado. La dejé crecer y hoy su respiración no deja de florecer dándole color y viveza a mis senderos.
Esa hermosa semilla que creció en mi jardín sin yo haberla sembrado, sin nadie haberme avisado, sino que fue la misma existencia, el mismo viento, quien me trajo esa esencia que hoy florece en mi corazón. Esa flor llamada amor.
El viento mismo de mi cielo la acogió y la trajo hasta mi jardín, sin avisar ni pedir permiso, la semilla entró a mis tierras más fértiles y allí descansó sin yo darme cuenta.
Ella creció dándole calidez al centro de mi jardín, ahí fue cuando note su existencia. No pude ignorar su presencia, no pude jamás borrar su color, pues ya estaba ese retoño surgiendo del centro de los cultivos de mi corazón.
La dejé crecer porque da abrigo a mis aires y a mis ideas, la dejé crecer porque da amor a mi existencia y a mi vida. La dejé crecer y hoy su raíz quedó arraigada a lo más profundo de las tierras de mi reino amurallado. La dejé crecer y hoy su respiración no deja de florecer dándole color y viveza a mis senderos.
Esa hermosa semilla que creció en mi jardín sin yo haberla sembrado, sin nadie haberme avisado, sino que fue la misma existencia, el mismo viento, quien me trajo esa esencia que hoy florece en mi corazón. Esa flor llamada amor.







